| Educación: ¿Un bien de consumo? Jueves 21 de Julio de 2011. Muy buenos días a todos. Esperando que todos ustedes se encuentren bien, quisiera comentar un tema que está en la opinión pública nacional. Se trata del conflicto de la educación; en particular sobre la frase mencionada por el presidente Piñera en la inauguración del campus San Joaquín del DUOC – UC hace un par de días atrás. Durante el discurso de inauguración, el Primer Mandatario mencionó que la Educación “es un bien de consumo”, luego de lo cual mencionó que “también posee un componente de inversión”. Tras estas declaraciones, los dirigentes estudiantiles alegaron en contra del Presidente, argumentando que su visión sobre el tema promueve la educación de mercado y la desigualdad entre los estudiantes. Respecto a todo ello, mi intención es aclarar, desde el punto de vista de la teoría económica, lo que representan las frases del Presidente Piñera y, a partir de ello, hacer un breve análisis acerca de la verdadera disyuntiva respecto de cómo debiera tratarse la Educación. La Educación como consumo y como inversión. De acuerdo a los principios básicos de la Macroeconomía, la composición del producto interno bruto de un país (PIB) es la suma de el consumo e las familias, la inversión de las empresas, el gasto de gobierno y el resultado de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones). En este sentido, cuando el Presidente Piñera menciona que la educación “es un bien de consumo” está diciendo que dentro de la componente de consumo debe ir considerado el gasto que mensualmente realizan las familias en mensualidades escolares o aranceles universitarios. Como dato concreto, se pude mencionar que el gasto en Educación por parte de las familias durante el año 2006 ascendió a $1.892.628 millones de pesos a precios corrientes (pesos del año 2006), mientras que a precios constantes la cifra asciende a $1.636.410 millones de pesos (pesos del año 2003)[1]. Según esto, la educación “es un bien de consumo” en el sentido de que el gasto en Educación por parte de las familias debe ser considerado periódicamente para efectos de la Contabilidad Nacional. Sin embargo, desde otro punto de vista, la Educación puede considerarse como una inversión para quien realiza el gasto. Esto porque quien gasta en educación para sí mismo o para sus hijos está pensando en que los estudiantes puedan mejorar o a lo menos mantener su nivel socioeconómico; en muchos casos el objetivo de estudiar es derechamente que el futuro trabajador o profesional pueda ascender en la escala social, ya sea abandonando la pobreza o bien pasando a un quintil de ingreso mayor al cual perteneció durante su época de estudiante. Es por ello que son de mucha importancia las políticas que el Gobierno adopte respecto a la Educación, básicamente para permitir que más niños y jóvenes puedan estudiar con la confianza de que dicho esfuerzo económico e intelectual podrá reportarle futuros beneficios tanto en lo económico como en lo social. Por todo lo anterior, no debieran considerarse las declaraciones del Presidente como argumento a favor de la Educación de Mercado no mucho menos tomarse como base para políticas de privatización de la misma. Dichas declaraciones son, como vimos, frases dentro de un contexto más sencillo y casi pedagógico. La verdadera disyuntiva: ¿Qué clase de bien es la Educación? Para responder a esta pregunta, veamos algunas características que poseen los bienes y que nos ayudarán a dilucidar el tipo de bien que podría ser la Educación. Primero, debemos decir que existen dos características de los bienes: 1.- Un bien es “rival” cuando al ser usado por una persona reduce el uso del mismo bien por parte de otra persona. Por ejemplo, el pan es un bien rival ya que si yo compro una marraqueta, otra persona no podrá comprar la misma marraqueta que yo. 2.- Un bien es “excluible” cuando se puede impedir que una persona lo consuma o utilice. Siguiendo el ejemplo del pan, este también es un bien excluible, ya que quienes compran pan pueden dejar sin pan a quien llegue tarde a comprar. De acuerdo a ello, podemos definir los siguientes tipos de bienes. Un bien es privado cuando es excluible y al mismo tiempo es rival en el consumo, como el pan, la ropa, un auto, un pasaje de avión y en general los bienes transados en el mercado. Asimismo, un bien es público cuando no es rival ni tampoco es excluible, como el aire y la defensa nacional. Por otra parte, un recurso común es un bien que es rival pero no es excluible, como los recursos marítimos. Por último, cuando un bien es excluible pero no es rival, entonces corresponde a un Monopolio Natural; este es el caso de la electricidad domiciliaria (quien usa la electricidad no reduce el consumo de electricidad de otra persona, pero quien no paga la cuenta de luz no tiene acceso a la red eléctrica)[2]. Después de este repaso conceptual, hagámonos la siguiente pregunta: ¿qué tipo de bien es la Educación? Si fuera un bien privado, entonces quien estudia en determinado establecimiento educacional podría impedir que otro alumno pueda estudiar en dicho establecimiento, lo cual efectivamente ocurre en la realidad ya que todos los establecimientos poseen cupos determinados de matrícula y quien tiene derecho – según el mercado – de ocupar dicho cupo es quien puede pagar el arancel requerido para ello; esto ocurre principalmente en establecimientos privados, aunque también los establecimientos públicos de educación básica y media poseen matrículas limitadas y los establecimientos de educación superior estatales tienen recursos limitados para asignar becas que permitan costear los estudios de estudiantes pobres. En resumen es un bien excluible; por este motivo, la educación no puede ser, en estricto rigor, un bien público. Sin embargo, bajo este mismo análisis, la Educación no es un bien rival, ya que cuando un profesor enseña a un grupo de alumnos una determinada materia, no se le impide enseñar a otro grupo la misma materia con la misma calidad e intensidad; por ello, la educación tampoco es, en estricto rigor, un bien privado. ¿Por qué esta discusión? Porque en estos días muchos participantes en el actual debate sobre la Educación en Chile han radicalizado sus posiciones, en especial aquella que postula que la educación debiera ser estatal y sin participación de privados para así evitar el lucro de las instituciones, principalmente a nivel superior. Quienes manifiestan esta postura asumen de plano que la educación es un bien público, y no toman en cuenta este sencillo análisis hecho más arriba. Por otro lado, es indudable la necesidad de que el Estado participe de la forma más activa posible en proveer este bien, ya que como se mencionaba en párrafos anteriores, la educación permite que muchas personas puedan mejorar tanto su condición económica como social gracias a mejores empleos, mejores entornos de vida y mejores relaciones laborales y profesionales obtenidas mediante una buena formación, lo cual traerá beneficios tanto para ellos como para la sociedad. De lo contrario, seguiremos encontrando casos de carreras que cierran por no ser rentables, pasando por alto los derechos y el esfuerzo de aquellos que dieron años de su vida para titularse, o establecimientos que recibiendo financiamiento público o autofinanciándose no entregan a cambio la calidad requerida para que los futuros profesionales entreguen un aporte concreto a la sociedad. Por último, preguntémonos ¿sería eficiente para el país que jóvenes y niños con habilidad y capacidad intelectual pierdan la oportunidad de alcanzar un nivel educacional apropiado sólo porque en la actualidad no poseen los recursos necesarios para costear una buena formación? Por otro lado, ¿tiene derecho el Estado de impedir que entidades privadas provean Educación de calidad, cumpliendo estándares reconocidos y avalados, a personas que poseen los medios para costear dicha formación y además poseen la voluntad de invertir tiempo y esfuerzo en recibirla? Como vemos, el debate sobre la Educación en Chile es un tema mucho más profundo que pedir la gratuidad de dicho servicio para todos; involucra la participación de todos los agentes sociales, estudiantes, empresarios, trabajadores y gobierno, para así esclarecer debidamente el derecho y el deber de cada parte involucrada para con la sociedad y para con cada uno de sus integrantes, pues son ellos – las personas – las que a la larga sentirán los efectos de las decisiones que hoy se tomen al respecto. Un cordial saludo a todos.
[2] Argumento basado en Mankiw, G. “Principios de Economía”. Segunda edición, año 2002, capítulo 11. |